sábado, 21 de abril de 2012

52.



- ¡Hola Lu! - Dije con una sonrisa, siguiendola por todos los pasillos.

- Hola- Respondio algo desanimada.

- ¿Qué te pasa?

- Nada - Exclamo algo frustrada. - ¿Qué tienes en la mano?

- Son medialunas de acá en frente , ¿Quieres?

- Emm- Dudo para luego irse corriendo al baño y yo atrás de ella. - No gracias- Dijo saliendo como si nada hubiera pasado.

- Pero son tus favoritas. - Pensé - ¡¿Estas embarazada cariño?!

- ¡Sh! - Dijo tapandome la boca - ¿No puedes callarte un poco?

- sajdkrlsrjald - Dije tratando de hablar y sacando la mano de la muchacha de mi boca - ¿Hace cuanto?

- Un mes recién. No quiero apresurarme. - Dijo guardando silencio.

- ¿Es de Joseph?

- Sí , pero todavía no se lo he dicho.

- Viven juntos ¿No lo noto? - Dije exagerando.

- Me dijo que he estado engordando , pero nada mas - Sonrío. - ¿Me das tu café?

- Claro - Sonreí. -Guardaré el secreto. - Afirme feliz.

- ¿Y tu con Dylan?

- Es un misterio - Sonreí mientras me dirijia a mi oficina.

Llegó las siete de la noche, y se llevaría a cabo la primera reunión de socios en la empresa, yo, definitivamente, era pieza esencial e irreemplazable de dicho acontecimiento, pero me encontraba completamente fuera de mí, no había ingerido alimento alguno en lo transcurrido del día, y a este problema, se le sumaban los millones de pensamientos que cruzaban mi mente en ese entonces. No podía agravarme más, porque ya había alcanzado los límites y me encontraba a punto de excederlos. Recobré algunas fuerzas, y con el cuerpo hecho trizas me dirigí a la importante reunión, estoy segura de que en los pasillos más de uno me estudió con la mirada, y que además, se susurraban frases entre sí, no tenía idea si se debía a mi fatídico estado físico, o a las miles de suposiciones que quizá Peter Roberts (uno de los administradores de mi empresa) había encontrado para arruinar mi vida, y la de las personas a mi alrededor. Lucía tan decaída, que no tomé ni el mínimo interés ante cierto hecho, solo quería ingresar a la sala, expresar mis diversas ideas, y retirarme a mi apartamento, para así, de alguna manera estar sola y lograr sentirme en paz, para acabar con ese tormentoso y confuso día.

Al entrar a la sala de reuniones, Joseph aguardaba mi llegada sonriente y había colocado su portafolios en el asiento que se encontraba a su lado, sabía que pensó en mí al llevar a cabo esta acción, sabía que era yo la persona a la que él esperaba.Me senté a su lado y jugamos casi toda la reunión, escuchamos una o dos palabras de lo dicho pero la mayoría del tiempo conversamos o nos mandábamos mensajes.

Eran ya las diez de la noche, y yo solo había logrado dar una o dos ideas acertadas a comparación de las veinte que daba en cada una de las reuniones anteriores. Todo había culminado, y yo por fin podía respirar un poco, para así no morir al momento de pisar la realidad de nuevo, esa que empezaba a atormentarme, a llenarme de tristeza, a opacar esa luz que había encontrado en mi vida. Solo una razón podía sacarme del hoyo en donde estaba introducida en ese momento, “Dylan o Nicholas”, susurré reaccionando, y antes de que todos salieran de la sala, yo tomé mis cosas, y salí sin despedirme. Caminaba a pasos lentos al comienzo, tratando de recuperar el aliento, hasta que una mano en mi hombro detuvo mi camino rápidamente, y también, logró que sobresaltara.

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eres mi enfermedad y mi cura, mi locura y mi cordura.
Por siempre te amaré, para toda la vida te querré, así nos separemos, así se acabe, entre mi corazón te tendré, un espacio especial que sólo tú podrás tener, por siempre y para siempre, nunca te olvidaré.