
- Sí cielo, te conozco - Afirmo.
- Bueno...- Dude sin poder parar. - No se como decirtelo.
- Solamente dilo.
- Bueno... antes de que llegaras... Me tome la molestia de ordenar todo.
- Wow - Sonrío - ¿Eso era tan grave? - Dijo entre risas.
- Desacomode unos papeles - Baje la mirada.
- No importa cariño, yo luego lo ordeno - Dijo tomando mi cara y besándola. - Vamos a dormir, fue un viaje larguísimo.
- Claro . - Dije llevandolo a la habitación donde estaba todo muy relajado, la verdad demasiado, a penas nos acostamos y nos dormimos, nuestros ojos no daban más. La alarma sonó un poco tarde 7.30 , me levante y corrí hasta el baño, me pegue una ducha y me preparé un café, en todo ese transcurso, note que Nicholas no se encontraba ahí. Recogí un par de papeles del escritorio y me dirigí a la empresa. Mi teléfono no paraba de sonar, y era Hernan , atendí y lo único que escuche fue "Te necesito en mi oficina ahora." y después colgó. Acomode todo en mi oficina y me dirigí rápidamente a la de Hernan, corría por esos pasillos hasta llegar a la misma.
Hernan me había contado cada detalle de su conversación con Micaela después del hecho de su enfermedad, era doloroso escuchar tantas palabras negativas de su parte, pero a pesar de esto, pude sentir cierta calma manifestándose en él, como si el simple hecho de hablar conmigo lograra que se sintiera mucho mejor.
Aparte de esto pude notar que constantemente miraba su teléfono celular, esto generó cierta curiosidad por saber qué era lo que lo tenía en ese estado, más no fue necesario preguntárselo, ya que confesó la razón unos segundos después.
-¿Sabes?, -suspiró de forma silenciosa- le pedí un arreglo de rosas rojas, son sus favoritas, -sonrió tristemente y levemente agachó la cabeza.
-Ese es un detalle muy hermoso, sé que le encantarán. -aseguré sonriendo.
-Sí, -me miró algo inseguro- espero que eso sea así. -concluyó para luego suspirar entrecortado.
-Yo sé que sí, -sonreí tranquila- si el regalo viene de parte de tuya, es un hecho que le gustará muchísimo, a pesar de lo último que vivieron. -aseguré sin duda alguna y luego lo observé atentamente, ya que permanecía nervioso y algo perdido.
-Nada me haría más feliz, -expresó con voz baja- ¿Wen?, -dijo rápidamente y yo asentí con la cabeza, dándole a entender que podía continuar- ¿Te molestaría si ordeno que las envíen a tu oficina? es que temo que Micaela se dirija aquí y encuentre la sorpresa sin querer -confesó apenado a la vez que me veía asustado.
-¿Molestarme? -cuestioné asombrada- ¡Claro que no! -sonreí afectuosa mente y el muchacho pudo respirar en paz- lo mejor es dejarlo allá, ya que saldré a firmar unos papeles dentro de algunos minutos, -miré mi reloj con confianza- cerraré la puerta con seguro, así nadie podrá ingresar y ver la sorpresa. -le guiñé el ojo mientras reía, a lo que él imitó la acción mientras agradecía el gesto de mi parte.
-Muchas gracias, Wen. -expresó Hernan con felicidad- por momentos me pregunto qué haría sin ti. -sonrió aliviado, y yo permanecía celebrando en mi interior,ya que cada segundo que pasaba, me convencía de que cada palabra emitida por Micaela con respecto a su enfermedad, se hacía polvo con lo que Hernan me confesaba sobre ella.
Llegó el Sábado, eran las once de la mañana y aun así me levantaba desganada, la razón: Había dormido solo cinco horas, ya que me pasé la mayor parte de la madrugada pensando en qué parte del mundo se encontraba el rubio que me volvía loca. Mis pocas horas de sueño, se reflejaban en las grandes ojeras que llevaba, lo primero que hice al tener los pies en el suelo fue dirigirme a la cocina para prepararme una taza de café bien cargado. Entre sorbo y sorbo miraba las afueras de Puerto Madero, y sí.. lucía cálido y hermoso como de costumbre, pero agregándole un pequeño detalle, pude distinguir que sería un día muy frío para Buenos Aires. A decir verdad, eso era algo bueno.. ya que odiaba los días de sol, y mucho más aún si era en las mañanas. Luego de haberme sentido satisfecha con mi taza de café, prendí la computadora portátil para comenzar a revisar los documentos que el supervisor de piso me había encargado a leer para dar por terminado nuestro proyecto, me encontraba recién en la página diez, cuando de pronto, mi teléfono celular empezó a sonar sin parar, cuando vi el identificador de llamadas, me di con la sorpresa de que trataba de Luciana, contesté rápidamente, y solo me bastó escuchar sus primeras palabras para saber que se encontraba desesperada, ¿Qué sucedía?, la temerosa muchacha no tenía idea de qué ponerse esa noche,tenía una cita después de mucho tiempo, yo solo reí dejando de lado todo lo que en ese momento hacía, y la ayudé con unos consejos siendo lo más específica posible para que me entendiera a la perfección y no pasara una mala experiencia cuando se encuentre al frente de ese chico.Estuvimos casi dos horas conversando, y cuando por fin se sintió segura de que usar, me lo agradeció mil veces, yo solo le deseé suerte. Colgué el teléfono con cansancio y seguí haciendo lo que hasta hace unos momentos ejecutaba, revisar y revisar los documentos. Estuve toda la tarde haciéndolo, y sin descanso,no había digerido nada sólido en todo el día y la verdad es que tampoco tenía ganas de hacerlo, la nostalgia por no saber nada de el muchacho de cabellos rubios era tan grande, que lograba quitarme el apetito por completo.
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