martes, 8 de noviembre de 2011

22



- No - Sonreí - Ven acá - Lo bese nuevamente.

Ese beso , podría decir, que me mejoro bastante. Es decir, él me gustaba y creo que me ayudo bastante con lo de Dylan. La noche fue bastante común, cenamos de lo más ligero y nos dirigimos cada cual a su habitación.
Sonó la alarma 9.30 a.m , tome una ligera ducha y me dirigí para la entrevista, no llame a Nicholas, se veía bastante bien durmiendo. Entre por esa oficina que estaba totalmente decorada con plantas y figuras extrañas, era totalmente un lugar loco para ser una editorial. Al entrar me senté en la silla que había ahí y apoye mi mochila al lado.

- Bienvenida - Me extendió su mano , un señor de mayor edad , dispuesto a comenzar la entrevista.

- Hola - Sonreí y entregue mi libreta.

- Ya le pegue una ojeada a lo que me dio su asistente.

- ¿Mi asistente? - Dije curiosa.

- Sí , un tal Nicholas. - Dijo concentrándose en la libreta.

- Sí - Asentí sin saber nada del tema.

- ¿Y que te inspiro a esto? - pregunto concentrado en mi.

- Y podría decirse - Comencé a dudar, hasta que mi celular comenzo a sonar. - Disculpe.

- No se permiten celulares. - Dijo lamentan dolo.

- Podría ser una urgencia- Atendí sin importar lo que diga el señor. - ¿Hola?

- ' Hola princesa, Soy Nicholas, estamos yendo al hospital ' - Dijo una voz al teléfono.

- ¿Que paso?

- 'Mica rompió bolsa.'

- ¿Enserio? Voy para allá - Dije sonriendo lo mas que pude mientras colgaba el celular. - Disculpe pero me tengo que ir.

- ¿Paso algo grave?

- Una de mis mejores amigas , va a ser mamá - Sonreí. - Si me voy y pierdo el trabajo , no me importa creo que es preferible estar con ella, antes que esto.Disculpe. - Dije tomando mi mochila y yéndome corriendo. - Llegue - Grité al llegar a la sala de esperas.

- Asómate cariño - Sonrío Nicholas recibiéndome - Ella quiere verte.

- ¿Ella es Romina?

- Sí - me abrazo por la cintura.

- Es hermosa- Sonreí mientras unas lagrimas de alegría caían sobre mis mejillas.

- No llores princesa - Dijo besándome.

- Pueden entrar a verla - Exclamó la enfermera viéndonos en la puerta.

- Hola - Susurro Micaela con toda la fuerza que pudo.

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eres mi enfermedad y mi cura, mi locura y mi cordura.
Por siempre te amaré, para toda la vida te querré, así nos separemos, así se acabe, entre mi corazón te tendré, un espacio especial que sólo tú podrás tener, por siempre y para siempre, nunca te olvidaré.