
-Buenos días. -dije seria y cortante quizás del cansancio del día anterior.
-¡Buenos días chicas! - Respondió la secretaria algo nerviosa.- Señora, tiene una carta-Dijo persiguiéndome a la oficina.
- ¿De quién? - Pregunte acomodando las cosas que había arriba del escritorio.
- No sé Señora - Dijo aún algo nerviosa - Cuando llegue, la carta ya estaba allí y tenia su nombre en ella.
- Bueno , gracias- Sonreí para que se pudiera retirar en paz. Tome un sorbo del café que me había preparado mientras la secretaria hablaba y me senté para poder leer la carta con un poco de paz.
"Wendy: A veces, siento que mi corazón es totalmente tuyo ,que mis latidos son tuyos, que mis emociones son tuyas aunque no lo parezca, , que si uno de los dos dejara de existir… la destrucción del otro sería llevada a cabo en cuestión de segundos. Puedo sentir intensamente cómo te apoderaste de mi vida, de la sangre que corre por mis venas, de todas mis palabras, de aquel brillo de mis ojos color verde pasto… aquellos que amas, y que te pertenecen solo a ti, que solo pueden observarte a ti, mientras expresan amor, aquel que quiero entregarte sin medida alguna, princesa.Te amo con cada centímetro de piel, con cada respiro, con cada latido, con mi vida. Espero verte pronto. Dylan S."
Agarré la carta , la hice un bollo con mi mano derecha y la tire a la basura. Me puse nerviosa, y eso me provoco ordenar todo , estaba desesperada,¿Por qué esa carta? ¿Porque ahora? ¿Por que no hace dos meses? Toda mi vida estaba disparejo , era como algo raro , mi vida dio un giro solamente por una estúpida carta. Entro la secretaria algo nerviosa de su trabajo , que era duro por así decirlo.
- Se..se..ñoo..ño...ra - Tartamudeo al entrar.
- ¿Que pasa Gladys? - Pregunté ordenando el lió que había hecho.
- Micaela presentó la licencia.
- ¡¿CÓMO?! ¡¿QUÉ?! ¡¿JUSTO AHORA?! - Dije tomando muy fuerte mi cabeza.
- ¿Qué paso? - Preguntó Luciana entrando a mi oficina desesperada al escuchar los gritos.
- Micaela presento la licencia.
- ¿AHORA? - Dijo algo exaltada.
- Sí, esta muchacha, dios.
- Ya que se te presentan todos los problemas juntos , mañana salgo ¿Te jode? - Dijo entre cerrando los ojos, esperando algún grito.
- Más problemas no puede a ver.- Suspiré - Gladys, tráeme una aspirina.
- ¿Te jode? - Preguntó nuevamente.
- No - Dije algo malhumorada. - Voy a llamar a Micaela- Marqué su número y me atendió la pequeña le pedí que me pase con su madre pero la misma no estaba en casa.
Me encontraba perdida en mis pensamientos mientras caminaba de un lado a otro, preguntándome qué habría pasado con Micaela, susurraba una y otra vez, mientras mis pasos no cesaban en mi oficina. Hasta que algo me detuvo, era mi celular que no dejaba de sonar, dejé todo lo que hacía y corrí lo más rápido que pude hacía donde se encontraba para tomarlo y apretar uno de los botones con desesperación.
-¿Hola?, -pregunté ansiosa- ¿Quién es? -repetí la acción sin dejar pausa entre las palabras.
-¡Wen!, ¡Soy Micaela! -exclamó la muchacha con extrema emoción.
-¡Dímelo! ¡Dime porque dejaste la oficina!. -por dentro rogaba que todo lo me había enterado sea mentira.
-Ahora que tocas el tema, -suspiró entrecortado, y yo quedé paralizada para escuchar atentamente lo que ella quería decirme- necesito contarte algo muy importante, sobre eso. -volvió a suspirar, pero esta vez con más fuerza.
-¿Estás en la oficina de Hernan? -pregunté con preocupación.
-Sí, estaré un momento aquí. -aseguró con voz temblorosa.
-Espérame solo por unos segundos, dejaré listas algunas cosas, y salgo para su oficina, es mejor que charlemos allí, que por teléfono. -Dije nerviosa, y ella solo emitió un “sí”, luego colgué, y trate de ser lo más rápida posible, para así no perder tiempo.
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